Concienciarse sobre el flagelo de la violencia sexual

makeithappenLa comunidad internacional está poco a poco tomando conciencia de la importancia del enjuiciamiento de los autores de crímenes serios y de poner fin a nivel internacional al flagelo de la violencia sexual en tiempos de guerra . Aún queda mucho trabajo por hacer.

La violencia sexual y de género relacionada con los conflictos armados (SGBV, por sus siglas en inglés) es utilizada en muchas ocasiones como un arma de guerra—véase lo ocurrido en conflictos en la República Centroafricana, la República Democrática del Congo, Malí, Darfur y Siria, por nombrar sólo unos cuantos. Es utilizada para atemorizar, degradar y castigar a comunidades y para las denominadas “limpiezas étnicas”. Mujeres y niñas son normalmente el objetivo; pero hombres y niños también se ven afectados en ocasiones y sufren sus consecuencias. Los supervivientes son a menudo marginalizados y estigmatizados y tienen pocas esperanzas de ver a sus agresores ante la justicia.

El Estatuto de Roma, adoptado en 1998, fue uno de los primeros tratados internacionales en referirse de manera extensa a este tipo de violencia en los conflictos y en considerarlos crímenes de guerra, de lesa humanidad y en algunos casos genocidio. Sin embargo, ha habido muy pocos avances hasta la fecha. Los dos últimos años, este tipo de violencia ha tenido una mayor visibilidad en la justicia internacional y en las agendas de la paz y la seguridad, lo que constituye una esperanza para el futuro.

En junio de 2013, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptó, de forma unánime, la Resolución 2106 en la que se reconocía como objetivo el fin a la impunidad con el fin de prevenir la violencia sexual y de género en conflicto y animaba a los Estados a comprometerse con una mayor responsabilidad en este tipo de delitos a nivel nacional. Unos meses antes, la Asamblea General de las Naciones unidas adoptó el simbólico Tratado sobre el Comercio de Armas, reconociendo como ilegal exportar armas a países o partes del mundo en los que pudiese existir el riego de que estas sean utilizadas para vulnerar a mujeres, hombres y niños hacia la violencia sexual. Ese mismo año, el G8 reconoció que la violación y la violencia sexual en los conflictos armados eran graves contravenciones de la Convención de Ginebra y deberían considerarse como crímenes de guerra.

En 2014, el Consejo de Seguridad abrió la puerta al debate sobre la implementación y la consolidación de la Resolución 2016 sobre la violencia sexual en los conflictos armados. Al mismo tiempo que se hace hincapié en la responsabilidad primaria de los Estados de defender a sus ciudadanos frente a la violencia sexual y de género y a proceder al ejercicio de la justicia, otros países han reiterado su apoyo a la CPI como herramienta del Consejo de Seguridad para asegurar la responsabilidad por este tipo de crímenes. Algunos países también han señalado que cualquier amnistía que se ofrezca en el marco de unas negociaciones de paz, no debería extenderse a este tipo de crímenes.

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Mientras tanto, en junio pasado en Londres, el Reino Unido celebró una Cumbre Global para Erradicar la Violencia Sexual en el Conflicto, como parte de una amplia Iniciativa para la Prevención de la Violencia Sexual en los Conflictos que ponía el foco en esta materia. Participaron en la misma un impresionante elenco de víctimas y supervivientes, 129 gobiernos, 79 ministros, cerca de 1.700 expertos, líderes espirituales, organizaciones juveniles y representantes de la sociedad civil y organizaciones y tribunales internacionales, así como algunos premios Nobel. Con el apoyo e interés de los medios nacionales e internacionales, la Cumbre expuso al público el flagelo de la violencia sexual y de género en los conflictos armados de una manera nunca vista.

La Cumbre lanzó un Protocolo Internacional sobre la Documentación e Investigación de la Violencia en el Conflicto—estableciendo unos estándares internacionales sobre cómo proceder a recoger la mayor y veraz información y pruebas a la vez que se protege a los testigos—para conseguir un aumento en las condenas y disuadir a futuros autores.

Estuvieron presentes también muchos miembros de la Coalición. Amnistía Internacional emitió una serie de recomendaciones instando a los líderes mundiales a ponderar la oportunidad de tomar acciones legítimas para poner fin a la violencia sexual, la ONG Colombiana COALICO sostuvo un debate sobre violencia sexual contra los niños en Colombia, y No Peace Without Justice (NPWJ) solicitó acciones concretas para poner fin a este tipo de crímenes. NPWJ también actuó como juez en una Simulación para poner fin la Violencia Sexual, dónde se vieron los progresos que podrían producirse con el empleo de las nuevas tecnologías como herramienta para promover el fin de la violencia sexual y de género en los conflictos armados, entre otros crímenes.

Claudine Bela Badeaza, Directora del Centre d’éducation et de recherche pour les droits des femmes (CERDF) y punto de referencia en la Women’s Initiatives for Gender Justice, Province Orientale, de la República Democrática del Congo (RDC):

“La Cumbre fue una gran oportunidad para aquellos que trabajamos en áreas conflictivas para tener acceso y escuchar a los líderes políticos y a los legisladores. Tenemos pocas ocasiones para hablar directamente con los que toman las decisiones en todo el mundo y esperamos que hagan más esfuerzos para poner fin a la violencia sexual y de género.”

Desde el principio de su mandato en la Fiscalía, la fiscal de la CPI Fatou Bensouda ha sido muy proactiva en marcar como prioritario la investigación y el enjuiciamiento de los crímenes relacionados con la violencia sexual y de género y ponerle fin a la brecha social entre hombres y mujeres. Bensouda aprovechó la Cumbre de Londres para hacer público el lanzamiento de un nuevo documento de su oficina el Informe Político sobre los Crímenes Sexuales o de Género, el primer documento de este tipo publicado por un tribunal internacional, proyecto elaborado con su asesora en asuntos de género, Brigid Inder.

A pesar de que existen señales prometedoras de que al fin la violencia sexual y de género está en la mira, la sociedad civil continuará sus esfuerzos para asegurar que la erradicación de la violencia sexual en los conflictos siga ocupando un lugar entre las prioridades de la agenda internacional. Los compromisos hechos en la ONU y en la Cumbre de Londres necesitan ponerse en acción. Los Estados necesitan proveer un mayor soporte a las partes interesadas en localizar la raíz de este problemas, aumentar los esfuerzos para reparar a las víctimas y supervivientes y asegurar que las mujeres y las perspectivas de género se cumplan en la prevención y los procesos de paz.

Stephanie Barbour, directora de oficina, Amnistía Internacional – Centro por la Justicia Internacional:  

“En un año, ¿veremos más enjuiciamientos por violencia sexual en los conflictos? ¿se le consultará a las víctimas sus necesidades? ¿serán los soldados de los ejércitos nacionales entrenados en materia de violencia sexual y de género? ¿recibirán los supervivientes que comparezcan el apoyo médico y psicológico que requieren? ¿presentarán los países a mujeres para representarlos en las negociaciones de paz? La sociedad civil está observando muy de cerca y esperando, instando a los Estados a que se comprometan a cumplir las promesas hechas en la Cumbre de Londres.”

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