Cuando rimen la esperanza y la historia: Esperanza, poder y realidad – Utilicemos el arsenal esencial que la CPI representa

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Carla Ferstman es Directora de REDRESS y comentarista regular sobre derechos de las víctimas, la CPI y la prohibición contra la tortura | © Carla Ferstman

En conmemoración Día de la Justicia Internacional, el 17 de julio, la Directora de Redress Carla Ferstman reflexiona sobre el potencial revolucionario de la Corte Penal Internacional (CPI ) y nuestro deber, 18 años desde su establecimiento, de seguir inspirándonos con el desafío que nos plantea la expectativa de que la CPI sea capaz de llevar justicia a las víctimas de los crímenes internacionales más atroces. Una contribución más a la serie por el 20º aniversario de nuestro blog Cuando rimen la esperanza y la historia.

El 17 de julio de 1998 se adoptó el Estatuto de Roma, marcando el comienzo de una era donde la lucha contra la impunidad por los crímenes más atroces y la necesidad de llevar justicia a las víctimas ocupan un lugar central. Dieciocho años después, podemos ver tanto el poder como el potencial de este imperativo de justicia fundamental: la justicia es capaz de infundir esperanza, empoderar y contribuir con la reparación de las comunidades fracturadas, cambiar narrativas políticas, buscar culpables. Su potencial es revolucionario. Su ausencia es devastadora.

Por otro lado, vemos lo difícil que es cumplir con éxito su mandato, y es justo decir que todo el poder y el potencial de la Corte Penal Internacional aún no se han puesto en práctica. La Corte es asediada con problemas – ataques políticos, investigaciones tensas en situaciones de conflicto, una interminable lista de crímenes masivos para elegir, fondos limitados y personal aún muy burocratizado. Es fácil centrarse en los detalles de estos y otros desafíos, así como argumentar que la Corte Penal Internacional no ha estado, no está, y de hecho es incapaz de estar a la altura de las expectativas. Este es el argumento de los detractores de la Corte encabezados por aquellos Estados cuyos líderes y altos funcionarios continuarán siendo objeto de investigaciones, y por aquellos que temen a la independencia de la Corte. Es precisamente el poder de la Corte Penal Internacional el que ha creado tales rencores.

Pero la historia de la Corte Penal Internacional es mucho más que esto. Está principalmente vinculada a la esperanza; el deseo de futuros más seguros y más justos. Se trata del papel fundamental de la justicia en el mantenimiento y la restauración de la paz y la seguridad internacional. Se trata de personas – quienes han sufrido un daño y llegan a la Corte Penal Internacional en busca de consuelo, gracias a esta increíble institución, pueden entender y creer que donde quiera que ellos vivan, sea cual fuere su situación personal o afiliación, MERECEN justicia. Que la Corte Penal Internacional haya sido capaz de inspirar tal esperanza – tal sentido de legitimación – se evidencia por las decenas de miles de víctimas que han tratado de participar en sus procedimientos, con 5.229 personas que lograron participar solo en el caso Bemba. También se evidencia por las más de 10.000 comunicaciones que individuos, grupos y Estados han enviado a la Fiscalía sobre presuntos crímenes que recaen bajo la jurisdicción de la Corte y por la fascinación de muchas de las víctimas con los procedimientos y avances de la misma.

Por supuesto, la Corte aún no ha estado a la altura de las expectativas de las víctimas. Para muchos, la Corte Penal Internacional sigue siendo una institución distante de sus realidades diarias a pesar de la promesa de la participación de las víctimas. Ni una sola víctima ha recibido aún reparaciones ordenadas por la corte a pesar de las tres condenas logradas hasta la fecha. Thomas Lubanga fue la primera persona en ser condenada por la Corte en 2012. La Corte y su Fondo Fiduciario en Beneficio de las Víctimas aún no han logrado finalizar e implementar reparaciones para las víctimas en ese ni en ningún otro caso. Algunos testigos han sido objeto de represalias, y algunos han sido asesinados. Muchas víctimas no han entendido las limitaciones en el alcance de los casos que han procedido a juicio y por qué algunos de estos, en última instancia, han fracasado. Es evidente que existe una brecha entre las expectativas sobre lo que la Corte debe lograr y lo que ha sido capaz de lograr en sus primeros dieciocho años. Pero la respuesta no radica en bajar esas expectativas, silenciar las voces de aquellos que piden justicia o renunciar a la Corte. No, debemos utilizar estas expectativas para ayudar a la Corte Penal Internacional a tener éxito. Todos debemos inspirarnos en estas expectativas y desafiarnos con ellas; debemos ser guiados por estas expectativas para presionar a la Corte y, siempre que sea posible, ayudarla para que sea capaz de alcanzar una justicia realmente significativa y trascendental.

Tras dieciocho años con el mandato más complicado, nuestro objetivo debe apuntar a traducir la esperanza en realidad, fortalecernos y alinearnos con la armada de voces de aquellos que dependen de la CPI para obtener justicia, quienes necesitan que esta haga aquello para lo que fue creada, condenar a aquellos que continúan cometiendo crímenes indescriptibles en su contra y contra sus comunidades y mantener a la Corte bajo el poder de su mandato. Debemos comprometernos con este objetivo, unificarnos tras él y perseverar hasta que podamos alcanzarlo. No podemos hacer nada menos que eso.

Carla Ferstman se unió a Redress en 2001 como su Directora Legal y se convirtió en su Directora en 2005. Antes de unirse a Redress, trabajó con el Alto Comisionado por los Derechos Humanos de la ONU en el post-genocidio de Ruanda, con Amnistía Internacional en los juicios en África Central y como Asesora Ejecutiva Legal para la Comisión para Reclamos de Propiedad Real de Personas Desplazadas y Refugiados de Bosnia y Herzegovina. En 2012/13, Ferstman fue Fellow Senior Jennings Randolph en el Instituto de Paz de los Estados Unidos. Obtuvo u LL.B. de la Universidad British Columbia y un LL.M. de la Universidad de New York y completó su DPhil en la Universidad de Oxford. Ferstman es una comentadora regular sobre los derechos de las víctimas, la CPI y la prohibición contra la tortura.

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