Culpable: ¿Qué significa el juicio de Sepur Zarco en Guatemala para los derechos de las mujeres en todo el mundo?

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Mujeres sobrevivientes en la corte del juicio de Sepur Zarco en la ciudad de Guatemala. Foto: Camila Urrutia

Sobrevivientes de violencia sexual durante la guerra en Guatemala han logrado una victoria histórica en el juicio de Sepur Zarco: un hito para los derechos humanos internacionales en un tribunal nacional, en este artículo escrito por Yifat Susskind de Open Democracy y que comparte hoy con nosotros.

En este momento, las palabras “Sepur Zarco” deben estar en boca de cualquiera que posea un mínimo interés en los derechos humanos internacionales. Este juicio histórico, que acusa a dos ex-militares por esclavitud sexual infligida durante la guerra civil de Guatemala, concluyó el 26 de febrero con un veredicto de culpabilidad contra los autores y una sentencia a 360 años de prisión, un golpe contra la impunidad y un paso hacia la justicia para los sobrevivientes.

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Ex comandante de base Esteelmer Reyes Girón acusado de esclavitud sexual y doméstica y desaparición forzada. Foto: Camila Urrutia

 

 

 

 

Esta es una victoria de los derechos humanos, pero aún queda pendiente una cuestión: ¿Qué significa el juicio de Sepur Zarco para los sobrevivientes de todas las formas de violencia sexual en tiempos de guerra más allá de Guatemala?
La trayectoria de este caso ayuda a responder esta inquietud.

En 1982, después de que el ejército secuestrara y matara a sus maridos, los asaltantes volvieron para secuestrar a un grupo de mujeres indígenas mayas al este de Guatemala. Los soldados destruyeron las casas y granjas de las mujeres y las violaron delante de los miembros sobrevivientes de sus propias familias. Once de las 15 mujeres que prestaron testimonio en este juicio fueron mantenidas en cautiverio en una base cerca de la comunidad de Sepur Zarco. Debieron cocinar y limpiar para sus captores. Los soldados las obligaban a cumplir “turnos” donde eran violadas repetidamente. Para algunas, este martirio duró meses; para otras, años

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Mujeres mayas en solidaridad con los sobrevivientes durante el juicio de #SepurZarco en la ciudad de Guatemala. Foto: Camila Urrutia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estas violaciones ocurrieron durante el período más brutal de la guerra de Guatemala que duró 36 años. Bajo el liderazgo del Presidente Efrain Rios Montt, respaldado por EEUU, la población indígena de Guatemala fue el objetivo de masacres, desplazamientos forzados y violación sistemática como herramientas del genocidio. La violación y la esclavitud sexual a la que estas mujeres sobrevivieron, no fue un caso aislado de esta campaña de violencia. Fue una táctica global, puesta en marcha específicamente para generar trauma, aterrorizar a sus comunidades hasta la sumisión y destruir a su población.

Ahora, las mujeres de Sepur Zarco han testificado en contra de sus captores en un juicio histórico. Por primera vez en la historia, la esclavitud sexual fue juzgada como un crimen de guerra en una corte nacional dentro del país donde el crimen fue cometido.

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Estudiantes de derecho en el tribunal del juicio de Sepur Zarco en la ciudad de Guatemala. Foto: Camila Urrutia

La diferencia de que esta vez esto ocurrió en una corte nacional es crucial. Sí, la esclavitud sexual ha sido juzgada anteriormente en un tribunal interacional como crimen de guerra y como crimen de lesa humanidad. La primera vez fue en 1996 cuando ocho soldados serbio-bosnios fueron acusados por el Tribunal Penal Internacional para Yugoslavia por esclavitud sexual en contra de mujeres musulmanas.

Pero han existido muy pocos enjuiciamientos de violencia sexual como crimen de guerra desde entonces, tanto en cortes internacionales como nacionales. Los responsables saben esto. En muchos casos, incluyendo el de Guatemala, la impunidad resultante permite que la violencia en contra de las mujeres se normalice mucho tiempo después del fin del conflicto.

Esta falta de enjuiciamientos refleja una debilidad aún mayor del sistema de derechos humanos internacionales: a saber, la justicia depende de la voluntad política de los poderosos. Cuando los intereses de los más ricos e influyentes son protegidos a través de la corrupción y la violencia, ¿Qué posibilidades tiene un individuo por su propia cuenta de promover la justicia por los crímenes cometidos en su contra?
Esto está conformado por un manto de silencio que rodea a cualquier crimen que implique violencia sexual y mujeres marginales —particularmente mujeres pobres e indígenas—en la mayoría de las sociedades.

Este es un aspecto vital que se ilustra en el juicio de Sepur Zarco: la mejor forma de superar los obstáculos mencionados previamente radica en una sociedad civil robusta con organizaciones populares locales de mujeres. El juicio es el resultado del trabajo de mujeres indígenas, activistas de derechos, estudiantes de derecho y practicantes, arqueólogos forenses y una diversa gama de actores sociales que trabajaron por más de una generación. Reunieron testimonios, documentaron evidencia, realizaron protestas callejeras y vigilias, y presionaron para que los cargos legales tuvieran curso.

El apoyo de las mujeres de la sociedad a las sobrevivientes de Sepur Zarco fue coordinado por una coalición de tres importantes organizaciones de derechos de mujeres – la Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas, el Equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial, y Mujeres Transformando el Mundo – que se reunieron con la Alianza Rompiendo El Silencio y la Impunidad. Las sobrevivientes fueron respaldadas por las organizaciones internacionales de derechos de la mujer quienes enviaron representantes a sentarse en el tribunal en apoyo a las mujeres de Sepur Zarco.

A six-woman panel sits beneath a banner.

En particular, contar con el apoyo de defensoras prominentes en el tribunal ayudó a desarticular las tácticas de intimidación de la defensa. Durante el juicio, los abogados de la defensa y los grupos pro-militares de Guatemala llamaron a las sobrevivientes “prostitutas” y “mentirosas” y etiquetaron a los abogados y a los grupos de la sociedad civil que apoyaban a las mujeres de Sepur Zarco como “terroristas.”

A pesar de las acusaciones desproporcionadas de la defensa y los medios locales de derecha, los fiscales de Guatemala avanzaron firmemente en su innovadora estrategia: aplicar la ley de derechos humanos internacionales para crímenes de violencia sexual en tiempos de guerra, como lo establecen los precedentes de los tribunales internacionales, y además, aplicarlos a través de una corte nacional.

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Pero fueron las sobrevivientes con el valor suficiente para declarar quienes hicieron posible esta estrategia legal. Al mismo tiempo, la Alianza Rompiendo el Silencio se aseguró que las mujeres tuvieran el asesoramiento, la formación en derechos humanos y el acompañamiento que necesitaban para dar un paso adelante, y la presencia internacional en el tribunal dio a las mujeres la seguridad de que el mundo estaba mirando. Esta asociación multifacética y trasnacional es la clave para un modelo ganador para los abogados que buscan promover los derechos humanos internacionales en el país

Hay que considerar los diversos contextos en los que este modelo de asociación puede ser activado. En Irak, significaría oportunidades más sólidas para que las mujeres puedan exigir responsabilidades a su gobierno por la prohibición de refugios claves para mujeres que huyen de la esclavitud sexual del ISIS. Podría empoderar a las mujeres en Ruanda que ya no pueden recurrir a la Corte Penal Internacional para concebir nuevas estrategias de colaboración para buscar justicia por las atrocidades que han sufrido

Ahora, las mujeres activistas de Guatemala están considerando los próximos pasos. Engracia Mendoza es parte de MUIXIL, una organización local de mujeres indígenas Ixil sobrevivientes de la guerra. “Este es un caso emblemático en nuestra búsqueda de justicia en Guatemala”, remarcó. “Para todas las que hemos sufrido violencia en aquellos años es inspirador recibir estas noticias. Este veredicto nos da esperanza de que esto pueda crear cierta presión para que otros cargos puedan ser llevados a la corte.”

Las sobrevivientes por sí solas pueden y deben elevar sus voces para exigir sus derechos. Pero el veredicto de culpabilidad del juicio Sepur Zarco demuestra que una asociación de sobrevivientes empoderadas que trabajan junto a defensores de derechos humanos y asesores legales- y organizaciones de derechos humanos- da a los sobrevivientes de violencia sexual en los conflictos una oportunidad aún más sólida para hacer justicia.

Yifat Susskind es Directora Ejecutiva de MADRE, que trabaja con activistas de los derechos humanos de las mujeres de latinoamerica, Oriente Medio, Asia y África. Ha escrito sobre política exterior en EEUU y derechos humanos de las mujeres para publicaciones que incluyen The New York Times, The Washington Post, Foreign Policy in Focus y The W Effect: Bush’s War on Women (prensa feminista). Síguela en twitter @yifats.

Este artículo fue publicado originalmente en OpenDemocracy.

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